NUESTRA HISTORIA

Mis abuelos fueron hombres del campo,
de manos curtidas y mirada firme.
Uno crió dieciséis hijos, el otro seis,
en una tierra andaluza que, aunque hermosa,
no siempre daba para todos.

Eran tiempos duros,
de caminos polvorientos y sueños a cuestas.
Por eso mis padres y yo emprendimos viaje,
buscando un horizonte mejor.
Así llegamos a Sant Sadurní d’Anoia,
yo con apenas siete años,
y aquel pueblo se convirtió en mi cuna,
en mi escuela, en mi raíz catalana.

Aprendí el catalán jugando en la calle,
mezclando risas y acentos,
y hoy lo hablo con mis nietos,
como quien comparte una herencia de amor y gratitud.

Pero dentro de mí,
siempre latió un sueño:
tener una casa propia,
un pedazo de tierra donde plantar futuro.

El origen de un legado

A los cuarenta años llegó la casa, y después el terreno.
Allí nació la idea de sembrar olivos,
para hacer mi propio aceite, mi oro verde, mi legado.

No estuve solo, mi ángel de la guarda siempre caminó conmigo,
y la familia me tendió sus manos.

Raíces compartidas, recuerdos eternos

Los primeros 325 olivos los planté junto a mi sobrino Juan Cueto,
con la guía de mis hermanos Cristóbal y mi cuñado José Sánchez,
que ya no están, pero siguen aquí, en cada árbol que florece.

Muchos más ayudaron, sobrinas, amigos, almas queridas.
Entre ellas, el recuerdo eterno de mi hermana Ana Guerrero Bandera,
la primera que me sostuvo en brazos al nacer, la que me animaba cuando el cansancio pesaba, la que decía:

“No te aburras, hermano, que el campo es sacrificio,
pero también es vida.”

Lo sembramos juntos

Mil olivos, una sola historia

Hoy miro atrás y sonrío. Mil olivos en producción,
mil razones para dar gracias. Mis hijos están orgullosos,
y Francisco, en especial, lleva esta historia en el corazón,
porque sabe que esto tiene color de seguir.

Y así, entre tierra, sudor y cielo, sigo escribiendo mi historia,
la de un hombre que soñó con raíces y acabó cultivando eternidad.

Tradición y familia

Oro Líquido

Y de esos olivos, nace un aceite verdoso,
oro líquido, de primera prensada y sin filtrar,
para conservar intacta su pureza, su sabor
a campo, a viento y a libertad.

Cuando llevas a tu casa una botella de mi aceite,
no solo te llevas un alimento, te llevas mi historia,
la de un hombre que nunca estuvo solo,
que caminó de la mano de su familia,
de sus ancestros, y de todos los que creyeron en él.

Saborea despacio la tostada, el huevo frito,
la esencia del campo. Porque allí, en ese sabor,
es donde siempre quise llegar.

 

Elaboración tradicional

El origen de un aceite de calidad

El aceite de oliva virgen extra se elabora únicamente mediante procesos mecánicos, cuidando cada etapa para respetar la esencia natural de la aceituna. Este método permite obtener un aceite de gran calidad, sin necesidad de utilizar procesos químicos.

Las aceitunas se recogen en su punto óptimo de maduración, cuando presentan el mejor equilibrio entre sabor, aroma y propiedades naturales. Una buena selección del fruto es clave para conseguir un aceite fresco, intenso y equilibrado.

Una vez recolectadas, las aceitunas se limpian cuidadosamente para eliminar hojas, ramas e impurezas. Después, se molturan hasta obtener una pasta homogénea, preparada para iniciar la extracción del aceite.

Finalmente, el aceite se extrae en frío, evitando altas temperaturas para conservar mejor sus cualidades. Gracias a este proceso, mantiene su aroma fresco, su sabor característico y sus propiedades naturales.

Descubre nuestra finca

Nuestra finca se encuentra en el corazón del Penedès, un entorno donde el clima mediterráneo, la tierra y el trabajo constante del campo dan vida a nuestros olivos. Aquí cultivamos principalmente la variedad arbequina, cuidando cada árbol con respeto y paciencia, siguiendo el ritmo natural de la tierra.

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